El sábado, con el cielo amenazando a cada momento, con la lluvia que caía inexorable y con los rayos teniendo como blanco a la Provincia de Buenos Aires, pasé un agradable día con los libros. ¿Por qué les cuento esto? Para señalar que la reflexión que voy a contarles a continuación no nació de un terrible aburrimiento, sino de un debate que vengo manteniendo hace rato.
Muchos blogeros tienen miedo de poner en sus blogs fotos, reseñas y comentarios acerca de libros "viejos", clásicos y/o discontinuados. ¿Por qué? Tal vez se deba a que si el libro no es "best seller" o no está de "moda en el mercado" carece del valor que hará que un lector se tome su tiempo para dejar un comentario. ¿Acaso está estipulado que los libros viejos hacen que un blog reciba menos visitas? Terrible.
Los libros jamás pierden su belleza, aunque tengan más de cien años. Al contrario, aumentan sus atributos. Si un libro es viejo, hay que cuidarlo más, vale más. En la imagen que adjunto al comienzo de la nota, pueden ver un ejemplar de edición limitada del Martín Fierro, el clásico por excelente de la Literatura Argentina. Sin embargo, para hacer este debate aún más internacional, por favor observen con atención la próxima imagen:
Este es un Diccionario de la Lengua Española, impreso en España en 1970. Un ejemplar grande y distinguido como ningún otro. ¿Qué diferencia encuentran con los Diccionarios que se venden ahora? ¿Es difícil realizar la comparación con esa foto? Pues descuiden, les traje otra:
A pesar de que el ejemplar de Insignia de V&R Editoras es grande y gordito (es lo que estoy leyendo en este momento), nada puede hacer en comparación con el gigante Diccionario. ¿Qué me dicen ahora? ¿No tiene un encanto especial el Libro Viejo?



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